El verano: momento idóneo para reflexionar y actuar

 

 

arena

A lo largo del año, el ritmo de vida acelerado nos hace tener pocos momentos en los que podamos parar y reflexionar sobre nuestra vida. Sin embargo el verano y las vacaciones son un buen momento para poder pensar acerca de las cosas que nos hacen infelices. El hecho de tener más tiempo libre hace que estemos más relajados y podamos enfocarnos hacia nosotros mismos ya que el resto del año vivimos en un continuo enfoque hacia los demás: obligaciones laborales o búsqueda de trabajo, tareas de casa, el cuidado de los hijos…

Muchas personas lo pasan mal cuando llega el verano, no son capaces de desconectar de la rutina y les da auténtico terror volverse hacia ellos mismos y reconocer si son o no felices en las distintas parcelas de su vida (pareja, hijos, trabajo, etc.). Se encuentran más cómodos en la vorágine del día a día, sin tiempo para reflexionar sobre el futuro sino ocupándose solamente de solucionar las dificultades que van apareciendo, ocupándose del corto plazo sin interesarse por el horizonte que se vislumbra.

¿Por qué es bueno reflexionar en verano? Es un buen momento para hacer balance, al comienzo del año solemos hacernos propósitos para los próximos 12 meses y el periodo estival corresponde aproximadamente a la mitad del año. Sería muy útil pulsar como va la consecución de los objetivos que nos marcamos en Enero: ¿he conseguido mis objetivos?, ¿estoy en el camino de conseguirlos?, ¿he desistido?, ¿por qué motivo?.

Es importante reflexionar sobre los motivos que nos han hecho no conseguir lo que nos proponemos o desistir en el intento. En muchas ocasiones los motivos son excusas que nos ponemos para no salir de nuestra zona de confort, porque nos sentimos seguros en ella, porque todos los cambios implican un riesgo, incertidumbre y la queja nos hace descargar tensión pero nos lleva a la inacción. Nos libera a corto plazo pero nos condena a largo plazo.

Es verdad que hay factores que no podemos controlar, que escapan a nuestro poder, no me refiero a estos. Me refiero a nuestra forma de afrontar la realidad. Hay muchos ejemplos de personas a las que les ocurre un mismo problema, reaccionan de manera diferente y esto tiene consecuencias totalmente opuestas. Ante la pérdida del trabajo una persona se puede dedicar a quejarse sobre lo injusta que es la vida, que por qué le ha pasado a él, que no puede hacer nada, que para que voy a buscar si no voy a  encontrar nada, y quejarse constantemente de la crisis. Sin embargo otra persona puede planificarse su semana de manera que afronte la búsqueda de empleo trabajando todas las vías: oficinas de empleo, internet, utilizar contactos personales, hacer visitas a empresas para autocandidaturas, aprovechar para formarse, etc. La primera persona está desperdiciando su tiempo con las quejas que no le van a traer un trabajo a casa y la segunda persona está llevando a cabo acciones para que sea más probable encontrar un trabajo. Las dos personas se encuentran en la misma situación con las mismas circunstancias y se enfrentan al mismo escenario de crisis sin embargo ¿quien tendrá más probabilidades de encontrar trabajo? la persona que se queda en casa quejándose o la persona que tiene abiertas muchas vías…

Mi frase de cabecera es “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo” (Einstein), si no has conseguido tus objetivos te tienes que plantear que puedes cambiar tú para que la situación cambie.

Para conseguir nuestros objetivos hay que salir de nuestra zona de confort, hay que arriesgarse, hay que ponerse manos a la obra y dejar atrás los miedos y las ideas limitantes.

En definitiva hay que actuar, hay que pasar a la acción pero de una forma planificada no “alocada”.

La técnica de solución de problemas es bastante eficaz, aquí os dejo a grandes rasgos los pasos:

– Definir el problema de manera concreta

– Generar una lista de soluciones alternativas al mismo (lluvia de ideas)

– Seleccionar la mejor opción teniendo en cuenta ventajas e inconvenientes de cada una, consecuencias sociales, personales y económicas que implica, consecuencias a corto y largo plazo, si es viable, etc.

– Puesta en práctica de la alternativa seleccionada.

– Verificar si se ha solucionado el problema, si no escoger otra opción.

¡Aprovecha el verano reflexiona y actúa!

         

 

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